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Los sonidos también mueren

Temporalidad y permutabilidad son dos de los términos que mejor definen esa compleja realidad que llamamos paisaje sonoro. Un rico universo que nos envuelve en todo momento y que se construye por la adición de objetos sonoros elementales cuyo número y composición varía constantemente en el tiempo. No hay dos instantes iguales en lo sonoro: siempre distintos entre sí pero manteniendo una esencia inmutable. Es fácil que surja la comparación con Heráclito y su panta rei, el río que en cada momento es una realidad distinta, sin por ello dejar de ser río. Un cambio permanente que, más allá del oxímoron, habla de eternidad.

Sin embargo, y a pesar de este aura de infinitud con el que resplandecen en el perpetuo devenir del paisaje, los sonidos tienen una existencia mortal. Su intrínseca conexión con lo real los hace herederos de la condición material, con todas las miserias y grandezas que eso implica. Así, el nacimiento, el envejecimiento o la desaparición comienzan a formar parte de su léxico, al no poder disociar su propia existencia de la materia que los anima. Lo sonoro pasa así, como si de un yacimiento arqueológico se tratara, a ser estrato rico en imágenes auditivas de un pasado que ya no existe, creado por una materialidad que ha dejado de formar parte de nuestro presente.

Esto no hace sino impulsar la creación de espacios para la memoria, lugares donde la riqueza sonora que antaño hubo se pueda preservar, una vez detenido el tiempo, para su audición futura, para que hable de quienes fuimos, de cómo construimos nuestra realidad y de cómo la hicimos accesible a través de nuestros artefactos. Una suerte de templos para el recuerdo como Conserve the Sound, un museo online para la conservación de sonidos ya desaparecidos o en peligro de extinción, realizado por Chunderksen con el apoyo de Film & Medienstiftung NRW (Alemania). Dejarse llevar por los sonidos allí recogidos es promover un diálogo con nuestro pasado más reciente, conversar con un mundo ya desaparecido que no sólo deja huella en lo visual sino también presencia, recuerdo y relato en lo sonoro. Un testimonio imprescindible para reflexionar sobre nosotros mismos y nuestra forma de entender el mundo.

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